viernes, 10 de agosto de 2012

Cuando la mira y ella sonríe, se para el mundo.

Quizá hoy volví a pensar que me merezco ser feliz. No porque yo sea especial, ni mucho menos, si no que me lo merezco de la misma forma que todo el mundo. No pido alguien que me conozca a la perfección, me basta con que quiera asumir el reto de comprenderme. No pido a un hombre ideal, es suficiente con uno que se sepa reír de sus defectos. No pido millones de amigos, solo pido unos pocos que sean verdaderos. No pido un paño de lágrimas, si no que, esas personas sean capaces de decirme: "no, no lo estás", cuando les jure que estoy bien. Y que me he dado cuenta de que, por tu culpa, no estoy disfrutando de esas cosas. De echar a correr cuesta abajo hasta que te falte el aliento. De reír hasta que todos a tu al rededor se te queden mirando. Del regalo de un niño, de la sonrisa de un bebé. De bailar con tacones hasta que me duelan los pies. ¿Y sabes qué? Que ya se acabó, que ahora me toca a mi.

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